Cómo fue el ascenso del nazismo

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El ascenso del nazismo

Además de las duras condiciones impuestas a Alemania tras la firma del Tratado de Versalles, el crack de la bolsa de Wall Street de 1929 también contribuyó al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Alemania, ya agobiada por el pago anual de las indemnizaciones de guerra, entró en una profundísima crisis económica: la moneda alemana se depreció totalmente y se extendió el desempleo. A principios de los años 20 el malestar era más que evidente. Animado por el clima de descontento reinante, en noviembre de 1923 Adolf Hitler y Rudolf Hess, entre otros dirigentes del Partido Nacionalsocialista (NSDAP), organizaron un golpe de Estado.
Sin embargo, el conocido como putsch de Munich fue sofocado muy rápidamente. Aunque Hitler declaró la conformación de un gobierno provisional el mismo 8 de noviembre, y al día siguiente intentó hacerse con el control de la ciudad, muy pronto todos sus instigadores fueron detenidos. Hitler fue juzgado y acusado de traición, pero al final solo cumplió nueve meses de los cinco años de prisión a los que le condenaron. Durante su estancia en presidio se dedicó a dictar su libro, Mein Kampf a su secretario, Rudolf Hess. Tras su reclusión, se puso al frente del Partido Nazi, que poco a poco, con una retórica populista y el establecimiento de un chivo expiatorio (la comunidad judía) sobre el que descargar todas las frustraciones de la población, cosechó en poco tiempo numerosas simpatías entre el electorado.

El clima de la campaña electoral

En este clima político, la campaña electoral alemana de 1933 fue ejecutada por el Partido Nazi como si se tratara de una acción bélica. A los desmanes y agresiones de los militantes se añadieron los crímenes de la policía, convertida en un instrumento de persecución sistemática de comunistas y demócratas. Hermann Góring, estrecho colaborador de Hitler, llegó a ordenar a sus secuaces que incendiaran el Reichstag para culpar a los comunistas. El 14 de julio de 1933 el gobierno decretó que el único partido admitido era el NSDAP, y el 12 de noviembre del mismo año el 92% de los electores votó por la única lista presentada, dando la victoria a su líder, Adolf Hitler.

Tras su llegada al poder, el Partido Nazi incrementó las medidas represivas y las acciones terroristas con el objetivo de eliminar la disidencia. Entre estas, destaca la tristemente famosa “Noche de los cristales rotos”, la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, durante la cual más de 7.500 tiendas y establecimientos judíos fueron arrasados en Alemania, Austria y Checoslovaquia, y casi todas las sinagogas incendiadas. El número de muertos, víctimas de violencia, maltrato, actos terroristas o acoso fue de varios centenares, sin contar los suicidios.

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