Como se desarrollo la propaganda nazi en Alemania

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La propaganda y la simbología nazi

El empleo deliberado y sistemático de propaganda fue uno los recursos clave para el mantenimiento de la cohesión y la obtención del apoyó y el consenso por parte de la población. A partir de 1933, la tarea le fue confiada a Joseph Goebbels, al frente del Ministerio de Propaganda, a quien se atribuye la ya célebre frase “repetid una mentira cien, mil, un millón de veces y se convertirá en una verdad”. 
Su método propagandístico estaba inspirado en las teorías del “Behaviorismo”, y se basaba en la continua repetición de noticias parciales o falsas, rígidamente controladas por el régimen, o de consignas que versaban sobre el futuro radiante de Alemania, el peligro de las “hordas asiáticas”, o la crueldad de los Aliados. 
Esta actividad propagandística fue muy intensa durante todo el nazismo, e incluso se mantuvo igual de firme y constante cuando el desenlace de la guerra era ya inminente.
Como icono del partido y la ideología nazi se escogió la esvástica, un antiguo símbolo presente desde el neolítico en el área indo-mediterránea y, más tarde, en la Europa germánica.

Qué significado tenía el símbolo nazi

La sensación de movimiento que le da a la cruz los extremos girados hacia la derecha simboliza el movimiento aparente del sol, puesto que en la antigua India la esvástica era un símbolo solar de carácter propiciatorio. 
La palabra proviene del sánscrito svastikah, “ser afortunado”, con lo que expresaba un término positivo, con carácter de buen augurio. La adopción de la esvástica como emblema del Partido Nazi se debió a la errónea creencia de que su origen era indoeuropeo, o “ario”, en sentido antisemita.
Otro de los pilares de la ideología nazi era el Mein Kampf (Mi lucha), el libro publicado en 1925 en el que Hitler exponía las líneas maestras de su ideario político: el antisemitismo, la exaltación de la raza aria pura y superior, la exhortación a la derrota de marxistas y bolcheviques, la creación de un socialismo nacional, y la crítica al parlamentarismo a favor de un Estado del Führer. 
Durante los doce años del régimen se vendieron más de diez millones de ejemplares, sobre todo comprados por las oficinas del registro civil que regalaban un ejemplar a todas las parejas que se casaban.
En el Mein Kampf, Hitler también introdujo otro de los grandes axiomas del programa nazi, el “espacio vital” (Lebensraum), que le llegó a través de Rudolf Hess. El axioma venía a defender que debía existir un equilibrio entre el espacio geográfico que ocupa una nación y el uso de ese espacio (explotación de recursos, por ejemplo) en relación a la densidad de población. En sus arengas, Hitler defendía que no podía tolerarse que a un ruso, por ejemplo, le correspondiera más espacio vital que a un ario, y utilizó este argumento para legitimar sus ansias de expansión territorial.

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