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Dueño de restaurante negó comida a una niña vagabunda

Dueño de restaurante negó comida a una niña vagabunda, pero años después se impresiona al verla

Esta historia ocurrió en Noruega, un país donde no suele haber pobreza extrema y por ello es muy raro ver a vagabundos andar por las calles, sin embargo, Camila quién años atrás había perdido a sus padres y cuya historia en algún momento te hemos de contar a detalles, andaba por allí tratando de conseguir algo para comer, a pesar de que había solicitado trabajo no podía conseguir laborar para sustentar sus gastos, y pues lógico, quién le daría trabajo a una niña huérfana que no tenía quién le represente y mucho peor ir a una escuela como lo hubiera deseado.

Ella entró en un restaurante para pedir al dueño que le dejara lavar los platos por un poco de comida, y aunque la niña se había recogido un poco el cabello y lavado la cara, de igual su ropa vieja y desgastada no daba una buena impresión en el local, por lo tanto el gerente no dudo en decirle que se retirara, aunque Camila insistiera que quería solo un poco de comida ante la mirada de algunos comensales que observaban algo incomodos por la presencia de la niña, otros con una mirada muda de pena sin saber cómo actuar ante aquel espectáculo.

La niña siguió insistiendo con una lágrima que rodaba su mejilla y no sabríamos decir si era por el dolor de no tener alimento o porque su estómago no soportaba más aquella crueldad de la vida cuyo cuerpo tenía que soportar semejante apatía humana.

La niña se retiró llorando, y caminó dando la vuelta en la esquina como queriendo esconderse del mundo que impávido la miraba, y caminó allá por el estrecho callejón del restaurante, para sentarse a seguir con sus lágrimas, quizás a usted no le sorprenda este tipo de historia que se vive en muchos lugares del mundo, y es así como ya nos hemos acostumbrado a no sentir nada, pero claro, hay seres que no pueden dejar de sentir el dolor que otros sienten, por eso mientras lloraba la niña un niño de casi su misma edad, que había observado aquel evento doloroso, salió entre una puerta de madera que rechinó e interrumpió el llanto de la niña, la misma que intentó correr pensando que le harían daño, pero, una voz tranquilizadora le dijo, ¡espera no corras! Y le extendió una tarrina que su contenido era muy caliente, con eso ella pudo aplacar la voraz hambre que comía sus entrañas.

Tiempo después Camila se encontraba atendiendo en un centro de salud a varias personas, había logrado estudiar con la ayuda de alguien que pudo ayudarla, y fue cuando se escuchó una ambulancia que rechinaba los oídos alertando de alguien que requería ser atendido con urgencia, un joven se debatía entre la vida y la muerte, luego de chocar aparatosamente con su vehículo, y con ello Camila se dedicó a lo que sabía, a salvar vidas, lo atendió y por largo tiempo tuvo que ayudarle en su recuperación, claro como era de esperarse, ambos eran apuestos y por ello se enamoraron.

El joven amigo le llevó un día a su hogar a presentarles a sus padres, y de paso le invitaba a comer, y los padres estaban deseosos de conocer a la doctora que había prácticamente salvado la vida del hijo, por supuesto, hasta el momento había sido esquivo para el padre atender la emergencia de su hijo porque su situación física se lo impedía, es así que solo la madre había podido estar cerca en toda la recuperación, por lo tanto el padre era el más ansioso.

Para sorpresa de Camila al ingresar al hogar, aquel hombre que estaba sentado en una silla de ruedas era aquel que un día le había negado un poco de comida, y él no podía reconocerla, Camila había cambiado mucho y no se parecía en nada a aquella niña, y mientras el padre agradecía mucho la ayuda de la doctora, ella solo se dedicaba a escuchar todo lo que decía aquel señor. Hasta que escuchó una frase que interrumpió sus pensamientos, el señor le preguntó ¿Qué puedo hacer por usted doctora? A lo que ella respondió sin pensarlo mucho, amigo usted pudo hacer algo por mi hace muchos años, sin embargo, no lo quiso hacer aunque pudo, ¿cree que pueda hacer algo ahora cuando la situación ha cambiado?

El padre se quedó atónito porque esa mirada la había visto antes, y su corazón palpitaba con fuerza, aunque no sabía en qué evento se había topado con esa mirada. Por lo que rogó una explicación a la doctora, y ella le recordó aquel nefasto día en el que se había negado a darle un poco de alimento, entonces aquel joven que se había enamorado de ella se levantó de súbito y exclamó ¡no puede ser! ¿Tú eres la niña a la cual yo le regalé mi comida en una tarrina? Ella tampoco podía creerlo, aquel joven era quien le había prácticamente salvado la vida y ella no lo había notado, era aquel niño que la asustó y que no había vuelto a ver y ahora lo tenía frente a ella como el amor de su vida.

El señor no salía de su asombro ya que resulta que aquel día castigó a su hijo porque había tirado la comida a la basura, y lo envió a su cuarto sin comer aquel día, no encontraba palabras para decir cuanto lo sentía, con la mirada atónita de su esposa que no entendía nada de lo que ocurría, intentó balbucear algunas palabras pero se quedaba corto, y eso que él era muy hablador, solo atinó a decir perdón, perdón, perdón.

Camila respondió: Lo perdoné desde que me di cuenta que pudo criar a un hijo con buenas cualidades, luchador, bondadoso, y empático, sé que algunas veces actuamos de manera errada, yo también cometí errores y tal vez haga cosas inadecuadas en algún momento, solo anhelo que cosas que ocurrieron en mi niñez no se repita en nadie, la vida me enseñó a perdonar y Dios nunca me abandonó, siempre puso a alguien que valía la pena en mi camino.

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