El desarrollo del imperialismo Japonés

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EL IMPERIALISMO JAPONÉS

 A MEDIADOS DE SIGLO XIX, JAPÓN  era un país sumido en un marco retraso económico, cultural y político. El emprendedor, venerado como máximo representante religioso, ejercía tan solo un poder simbólico, mientras en el poder estaba en manos del shogun, la más alta autoridad militar, un título de carácter hereditario que, en 700 años, solo conoció a tres dinastías (Minamoto, Ashikaga, Tokugawa).
El imperturbable equilibrio feudal se rompió cuando las potencias coloniales obligaron  al shogun a abrir el país al comercio exterior, con lo que se puso fin al secular aislamiento y se produjo una fuerte reacción en el interior del país. En 1868 los grandes feudatarios y los samuráis depusieron el shogun y, tras haber reclutado un ejército propio y haber creado un gobierno independiente, dieron sus apoyo al joven emprendedor Mutsuhito (Meiji Tenno), conocido como el emperador ilustrado, con el que se inició el proceso de modernización, que favoreció a la vez el nacimiento del imperialismo nipón.
En febrero de 1904 Japón inicio una guerra con Rusia por el control sobre la zona china de Manchuria y Corea. Japón había empezado su expansión territorial hacia el este, pero sus intereses chocaron con los de los rusos, que buscaban un puerto alternativo al de Vladivostok, que solo podía funcionar en verano. Port Arhur, en Manchuria, Aseguraría a los rusos un buen puerto paras u armada y sus buques mercantes. 

La guerra y Japón

Pero la guerra se decantó a favor de los japoneses, que consiguieron hacerse con el control sobre Corea (que se convirtió en un protectorado) y sobre Port Arthur, entre otras ganancias. A partir de entonces se instauro un régimen y durante la Primera Guerra Mundial una parte de la población coreana fue trasladada a Japón para ser   empleada como mano de obra forzada en la naciente industria del país. 
En 1915, Japón obtuvo el control económico de la región china de Shandong gracias a su victoria sobre Alemania. Años después, en 1931, los japoneses invadieron Manchuria con el apoyo de algunas provincias chinas independientes, lo que dio origen a un nuevo estado llamado Manchukuo, un gobierno títere que serviría a Japón como base militar y estrategia para su penetración en el continente asiático.
Durante la posterior invasión de China los japoneses explotaron de nuevo a la población coreana para la construcción de instalaciones industriales y militares, tanto en Corea como en las demás zonas de ocupación. En los años 30, varias asociaciones clandestinas chinas, sobre todo el corte comunista, intentaron obstaculizar la política imperialista japonesa, pero la situación de los territorios ocupados no mejoro hasta la derrota de Japón en 1945.

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